Las calles
(Fervor de Buenos Aires)

Video: https://youtu.be/5NOte17qBnI?si=vPYW9aDiLOJ6tQ-o
DESCUBRIR
Uno de los primeros autores en plantearse modernamente este problema fue el francés Charles Baudelaire (1821-1867), autor de Las flores del mal (1857), libro fundacional de la lírica moderna.
Te invitamos a leer uno de los más famosos poemas de esa obra, “A una que pasa”, donde el poeta busca captar una experiencia típicamente urbana:
La calle ensordecedora gritaba en torno a mí.
Alta, esbelta, enlutada, majestuosamente entristecida.
Una mujer pasó y con gestos elegantes
alzaba y balanceaba la guirnalda de sus velos;
Ligera y noble con su pierna estatuaria.
Yo, yo bebí crispado como un loco.
En sus ojos, lívido cielo en que germina el huracán,
la fascinante dulzura y el placer que asesina.
¡Un relámpago… y la noche! belleza fugitiva
cuya mirada me hizo renacer al paso
¿No te volveré a ver sino en la eternidad?
¡Muy lejos de aquí! ¡Muy tarde! ¡Nunca, tal vez!
Que ignoro donde fuiste ni sospechas mi ruta,
¡Oh tú a quien hubiese amado, Oh tú que lo supiste!
(“A una que pasa”, Ch. Baudelaire, tr.de R. Arriagada, fuente: https://buenosairespoetry.com/2020/09/08/a-una-que-pasa-charles-baudelaire/)
COMPRENDER
En este poema Borges funda un territorio poético, un espacio para su literatura, que, en textos posteriores, bautizará como las orillas. Vamos a observar con minuciosidad algunas de las operaciones que realiza el escritor:
Entre la versión que está incluida hoy en las Obras completas, y que es la que te proponemos para trabajar, y el poema original, que publicó en 1923, hay muchas modificaciones. ¿Te animás a descubrirlas?
Transcribimos a continuación el poema tal como aparece en Fervor de Buenos Aires (1923)
Las calles de Buenos Aires
ya son la entraña de mi alma.
No las calles enérgicas
molestadas de prisas y ajetreos,
sino la dulce calle de arrabal
enternecidas de árboles y ocasos
y aquéllas más afuera
ajenas de piadosos arbolados
donde austeras casitas apenas se aventuran
hostilizadas por inmortales distancias
a entrometerse en la honda visión
hecha de gran llanura y mayor cielo.
Son todas ellas para el codicioso de almas
una promesa de ventura
pues a su amparo
hermánanse tantas vidas
desmintiendo la reclusión de las casas
y por ellas con voluntad heroica de engaño
anda nuestra esperanza.
Hacia los cuatro puntos cardinales
se van desplegando como banderas las calles;
ojalá en mis versos enhiestos
vuelen estas banderas
(Fervor de Buenos Aires, 1923)
IMAGINAR
Borges se propuso en este texto, y más en general, en sus poemas, poetizar Buenos Aires su ciudad. Además de “Las calles”, como vimos en la sección Desubrir, en su primer poemario Borges le dedica textos a “La recoleta” (uno de los cementerios de la ciudad), “La plaza San Martín”, un calle desconocida, un patio, un jardín y hasta a una carnicería.
Te proponemos un proyecto “borgeano”. Solo o acompañado de tus amigos o algún adulto, recorré algunas calles de tu ciudad.
Con una cámara de fotos o un celular, registrá todo lo que te llame la atención: alguna calle, una plaza, una puerta, una pared, un árbol, algo que esté tirado en la vereda, lo que sea.
De las fotos que saques de esa caminata, elegí tres.
A esas tres fotos poneles un título. El título puede ser simplemente descriptivo (“Un árbol en la avenida XXXX”) o más personal, más poético. Compartan, con sus amigos o compañeros, estas fotos que sacaron.
Elegí, de esas tres, una. A partir de esa imagen, escribí un breve poema.
Podés leer algunos de los poemas de Fervor de Buenos Aires como para inspirarte.
Luego pueden organizar una pequeña exposición de los textos y las imágenes: un modo de “pintar” tu barrio, tu pueblo, tu ciudad. Y, como dice el poema, por extensión, nuestra patria.
El cautivo
(El Hacedor)

Video: https://youtu.be/oiDStSNCus8?si=c7n6rbBdm67BJhBU
DESCUBRIR
La obra narra las peripecias de Brian, un capitá n criollo, y María, su esposa, que son cautivos de los indios. Brian, muy malherido, es rescatado por su mujer, quien ha conseguido hacerse de un puñal para matar a sus captores, y juntos huyen al desierto. Allí atravesarán una serie de peligros y, pese a la fuerza y el coraje de María, ambos terminarán muriendo en la pampa.
Te invitamos a que leas la tercera parte, “El puñal”, que narra justamente la noche en que María libera a Brian para escapar juntos
En algún sentido, ya desde el título, “El cautivo” parece una suerte de inversión simétrica de “La cautiva”. Este es un extenso poema, aquel una prosa breve. En el texto de Borges el cautivo es el hijo, en el de Echeverría, los padres (el hijo muere). En un caso tenemos una larga permanencia, mientras que en el otro hay un escape casi inmediato…
Te proponemos que compares la representación que se hace de la experiencia del cautiverio. ¿Qué se dice de esta cuestión en el poema de Echeverría? (Buscá, especialmente, los versos que se refieren a Brian y cuál es su estado y su situación).
¿Se dice algo de cómo fue la vida con los indios en el relato de Borges? ¿Pensás que habrá sido similar a lo que se cuenta de Brian o muy distinta?
En ambos textos tenemos un cuchillo (“puñal”, en una, “cuchillito”, en otro) que ocupan un lugar importante. ¿Qué función tienen estas armas en la historia? ¿Para qué lo usa la cautiva? ¿Qué te parece que simboliza cada una?
En otra de las grandes obras del siglo XIX argentino reencontramos esta misma figura de los cautivos. Nos referimos a la segunda parte del Martín Fierro, La vuelta de Martín Fierro (1879). Al inicio del libro, Fierro y su amigo Cruz están viviendo en la pampa, junto a los indios.
No son cautivos, han llegado allí por su propia voluntad. Sin embargo, en la descripción que hace de ese lugar, se menciona la existencia de cautivos. De hecho, el canto VIII narra la terrible historia de una cautiva, a la que finalmente Fierro ayudará a escapar.
Borges decía que esos versos eran sus favoritos de todo el Martín Fierro. Puede pensarse que un rasgo de la descripción del cautivo que aparece allí resuena en “El cautivo”, ¿sos capaz de identificarlo?
Hay otro texto de Borges, “Historia del guerrero y la cautiva” (incluido en El aleph, 1949) donde Borges retoma esta misma figura.
Te proponemos que leas este breve fragmento donde Borges describe a una cautiva inglesa, de acuerdo al relato de su abuela:
En 1872 mi abuelo Borges era jefe de las fronteras Norte y Oeste de Buenos Aires y Sur de Santa Fe. La comandancia estaba en Junín; más allá, a cuatro o cinco leguas uno de otro, la cadena de los fortines; más allá, lo que se denominaba entonces la Pampa y también Tierra Adentro. Alguna vez, entre maravillada y burlona, mi abuela comentó su destino de inglesa desterrada a ese fin del mundo; le dijeron que no era la única y le señalaron, meses después, una muchacha india que atravesaba lentamente la plaza. Vestía dos mantas coloradas e iba descalza; sus crenchas eran rubias. Un soldado le dijo que otra inglesa quería hablar con ella. La mujer asintió; entró en la comandancia sin temor, pero no sin recelo. En la cobriza cara, pintarrajeada de colores feroces, los ojos eran de ese azul desganado que los ingleses llaman gris. El cuerpo era ligero, como de cierva; las manos, fuertes y huesudas. Venía del desierto, de Tierra Adentro, y todo parecía quedarle chico: las puertas, las paredes, los muebles.
Quizá las dos mujeres por un instante se sintieron hermanas, estaban lejos de su isla querida y en un increíble país. Mi abuela enunció alguna pregunta; la otra le respondió con dificultad, buscando las palabras y repitiéndolas, como asombrada de un antiguo sabor. Haría quince años que no hablaba el idioma natal y no le era fácil recuperarlo. Dijo que era de Yorkshire, que sus padres emigraron a Buenos Aires, que los había perdido en un malón, que la habían llevado los indios y que ahora era mujer de un capitanejo, a quien ya había dado dos hijos y que era muy valiente. Eso lo fue diciendo en un inglés rústico, entreverado de araucano o de pampa, y detrás del relato se vislumbraba una vida feral: los toldos de cuero de caballo, las hogueras de estiércol, los festines de carne chamuscada o de vísceras crudas, las sigilosas marchas al alba; el asalto de los corrales, el alarido y el saqueo, la guerra, el caudaloso arreo de las haciendas por jinetes desnudos, la poligamia, la hediondez y la magia.
A esa barbarie se había rebajado una inglesa. Movida por la lástima y el escándalo, mi abuela la exhortó a no volver. Juró ampararla, juró rescatar a sus hijos. La otra le contestó que era feliz y volvió, esa noche, al desierto. Francisco Borges moriría poco después en la revolución del 74; quizá mi abuela, entonces, pudo percibir en la otra mujer, también arrebatada y transformada por este continente implacable, un espejo monstruoso de su destino…
¿Qué relación podés establecer entre este fragmento y “El cautivo”? Prestá atención a:
COMPRENDER
“El cautivo”, aunque es un texto muy breve, nos permite apreciar algunos de los rasgos fundamentales del estilo de Borges como narrador, lo que podríamos llamar su poética del relato. Vamos a detenernos en tres:
Relee “El cautivo”, ¿te parece que puede afirmarse que hay una dimensión simbólica en el relato? ¿en dónde podés verla?
En la escena central del relato, Borges utiliza un recurso clásico de la literatura: la anagnórisis o reconocimiento. Este recurso implica que, en un determinado momento, un personaje cuya identidad era desconocida o dudosa, se revela. Generalmente esta revelación desencadena el desenlace de la obra.
El ejemplo más famoso de anagnórisis está en Edipo Rey, de Sófocles, en el momento en el que el protagonista descubre su identidad, y la de sus padres.
¿En qué momento de este cuento se produce la anagnórisis y a partir de qué descubrimiento?
¿Qué es lo que se revela?
¿Cuáles son las consecuencias de esta revelación?
IMAGINAR
El relato de Borges, como dijimos, tiene varias lagunas, episodios que se omiten o son solo mencionados muy brevemente. Te invitamos a que elijas alguno de estos episodios y los desarrolles brevemente:
Borges comienza su relato diciendo: “En Junín o en Tapalqué refieren la historia…”. Junín y Tapalqué son dos pueblos de la provincia de Buenos Aires… pero cada pueblo, cada barrio, tiene sus historias y sus leyendas. ¿Conocés alguna del lugar donde vivís?
Te invitamos a que escribas alguna historia de tu pueblo, tu ciudad o tu barrio.
Si no se te ocurre ninguna, podés preguntarle a algún pariente o vecino mayor, que seguramente tendrá alguna para contarte.
Podés empezar tu relato, tal como Borges: “En [el lugar donde vivís] refieren la historia…”
El espejo y la máscara
(El libro de arena)

Video: https://youtu.be/vtLNjULP_QM?si=c0WdGNRukTpgJ5iJ
DESCUBRIR
Este relato de Borges nos sitúa en el terreno de la poesía épica, es decir, aquella referida a las hazañas de los héroes y, especialmente, vinculadas con batallas y guerras. Eso es lo que el rey solicita al poeta: que escriba un poema épico que conserve para siempre la memoria de la batalla de Clontarf, que acaba de ganar.
Hay otra referencia que nos interesa: el narrador alude a la “Edda Mayor”, de Snorri Sturlurson. Se trata de una de las fuentes principales para nuestro conocimiento de los mitos nórdicos. Borges cita recurrentemente esta obra y le dedica un poema a su autor. Leé el breve ensayo que Borges dedica a esta obra en Literaturas germánicas medievales (Borges y Vázquez, 1966) para enterarte de qué se trata. ¿Quiénes son los dioses que “guerrean” al principio de la Edda mayor? ¿Con qué otras divinidades se contraponen en el relato de Borges?
Este relato es uno de los últimos donde Borges aborda un tema que parece haberlo obsesionado: la búsqueda del poema absoluto. De una palabra o una frase en la que pueda cifrarse la totalidad de lo real. Te proponemos que leas (o releas) tres textos donde esta búsqueda aparece, formulada en cada caso de distintas maneras:
Vamos a comparar estas cuatro búsquedas del verso perfecto, absoluto, capaz de cifrar la totalidad.
COMPRENDER
Los tres poemas. Como señala el propio rey: “Somos figuras de una fábula y es justo recordar que en las fábulas prima el número tres”. El poeta entonces, obedeciendo al soberano, escribe tres veces el poema. A cada una corresponde una recompensa distinta. Vamos a detenernos en cada una de las versiones para intentar comprender sus significados
IMAGINAR
Como vimos en la pequeña serie que te propusimos, Borges elige, en la mayoría de los casos, no revelar las palabras que componen el poema absoluto. Estas quedan a la imaginación del lector.
¿Y si intentamos imaginar cómo era ese poeta que causó la muerte de su autor?
Recapitulemos algunas de las cosas que sabemos:
Compartan con sus compañeros y compañeras lo que escribieron. A partir de las distintas líneas que cada uno escribió, formen un poema.
Ajedrez
(El hacedor)

Video: https://youtu.be/LMzUbOAZuNw?si=1Gty_S657Qd8wAj9
DESCUBRIR
Este “Omar” es Omar Jayam, un matemático, astrónomo y poeta persa que vivió entre los siglos XI y XII de nuestra era, en el territorio de lo que hoy es Irán. Escribió una serie de poemas breves que, siglos después, a mediados del XIX, un inglés, Edward Fitzgerald, tradujo y reunió bajo el nombre de Rubayiat. Borges cuenta la historia del escritor y su traductor en un ensayo de Otras inquisiciones, que te invitamos a leer: “El enigma de Edward Fitzgeral” (podés encontrarlo en línea).
Rubaiyat fue uno de los libros favoritos de nuestro escritor, le dedicó –además del ensayo mencionado– un poema, “Rubaiyat”, incluido en Elogio de la sombra (1969), donde retoma varias de las imágenes del libro. Si les interesa, pueden encontrarlo en línea: https://borgestodoelanio.blogspot.com/2015/12/jorge-luis-borges-rubaiyat.html
El padre del escritor, Jorge Guillermo Borges, realizó una traducción del Rubaiyat, desde el inglés al castellano, que se publicó en la revista Proa n° 5 – 6 (1924), que dirigía Jorge Luis. También pueden consultarla en línea: https://ahira.com.ar/ejemplares/proa-no-5/
En particular, en “Ajedrez”, Borges alude al fragmento XLIX, que dice, en la traducción de Jorge Guillermo Borges:
El mundo es un tablero cuyos cuadros
son noches y son días, y el azar
a un antojo nos mueve como a piezas,
luego las piezas a la caja van.
Podés cotejar, también, con la versión inglesa de Fitzgerald:
Is all a Chequer-board of nights and days.
Where Destiny with men for Pieces plays:
Hither and thither moves, and mates,and slays,
And one by one back in the closet lays
Vamos a detenernos aquí en un relato breve del argentino Federico Peltzer, que Borges eligió para integrar la antología Cuentos argentinos de la colección La Biblioteca de Babel, que dirigió hacia el final de su vida.
En el prólogo, presenta así al autor y su relato:
Federico Peltzer ejerce la abogacía y es camarista. El relato que figura en este volumen acontece en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, pero posee la singular virtud de haber podido acontecer en cualquier sitio y en cualquier siglo. No nos asombraría descubrirlo en el Libro de las Mil y Una Noches.
Vamos a descubrir, entonces, esta pequeña joya, que tanto impresionó a Borges y se titula “El profesor de ajedrez”:
Cuando al hombre se lo presentaron, en el Club Social del pueblo, no entendió bien el apellido; pero el otro, evidentemente, no era de ahí.
El individuo era alto, canoso y con barba muy cuidada, como los dandys de la época de Mansilla. En seguida propuso jugar al ajedrez. En realidad el hombre apenas sabía mover las piezas, pero aceptó.
Todas las tardes, con paciencia, el forastero le daba lecciones. No jugaban, sino que estudiaban métodos para lograr una buena posición después de la apertura, combinar en el medio juego, rematar bien los finales. Un día, el profesor le dijo:
—¿Sabe que está jugando muy bien? Ya conoce casi tanto ajedrez como yo.
—El hombre se sintió halagado, pero no quiso alardear.
—En el «casi» está la diferencia —dijo.
—Sí, puede ser —contestó el otro, como si pensara en que ya era tiempo de irse a otro pueblo menos aburrido.
El aprendizaje duró todavía una semana. Cuando el domingo llegó, el profesor dijo:
—Mañana me iré del pueblo; es lunes… Pero, antes, vamos a dar la última lección.
Empezaron. La partida era pareja y no se vislumbraban posibilidades para ninguno de los dos. Estaban en el medio juego y el profesor, que parecía preocupado, no había tenido oportunidad de señalar ningún error, como hacía habitualmente ante una jugada débil o incorrecta del hombre. De pronto lo miró, y dijo:
—¿Quiere que juguemos en serio?
El alumno pareció no comprender: todo el tiempo había jugado en serio. El profesor aclaró:
—Quiero decir que sigamos esta partida hasta el final, ¿entiende? Sin que yo le indique nada. Un modo de medir sus fuerzas…
El hombre miró el tablero, repasó la posición y la consideró a la luz de todo lo que sabía. La partida era equilibrada y tenían las mismas piezas. Pero algo le gustaba. Era como una intuición de que iba a ganar, como un deseo de competir, de arriesgarse.
Miró el rostro impasible del profesor.
—¡Bueno!, —dijo.
Entonces el otro movió una pieza (le tocaba jugar a él), y susurró:
—Mate.
Era cierto.
—Es admirable —dijo el alumno. Aparentemente no había ningún peligro. Estábamos iguales…
—Así es, aparentemente —señaló el profesor.
El hombre, ya resignado, comentó, mientras se levantaban:
—Es malo fiarse mucho, ¿no? Esta ha de ser la última lección… ¿Cómo me dijo que se llamaba?
El profesor contestó:
—Dios.
(De Cuentos argentinos, Siruela, 1986)
COMPRENDER
Ajedrez es un soneto que se recoge, junto a otro del mismo título, en El hacedor (1960). El soneto es una forma poética que consta de dos cuartetos (estrofas de cuatro versos) y dos tercetos (estrofas de tres). Suele tener rima consonante y métrica regular.
Vamos a “medir” los versos. Para eso hay que separarlos en sílabas y contar cuántas tiene cada uno. ¿Cuántas sílabas tiene cada verso? ¿Miden todos lo mismo?
Veamos ahora la rima. Para eso hay que prestar atención a los sonidos de la última palabra de cada verso, contando desde la última vocal acentuada. ¿Qué versos riman entre sí? A esos tenés que ponerle al final, la misma letra mayúscula. Por ejemplo, si el primero rima con el cuarto, a los dos les ponés una “A”. Si el segundo rima con el tercero, a los dos una “B”. De ese modo podés descubrir la estructura rítmica del poema. Después transcribíla y ya podemos definir la métrica y la estructura rítmica de este soneto
El primer cuarteto de este soneto enumera las piezas: rey, alfil, reina, peón. A cada una le coloca un adjetivo muy significativo. Para comprender esto, necesitás tener algunos conocimientos de las reglas del ajedrez, o pedirle ayuda a alguien que los tenga.
¿Te animás a explicar el sentido que tienen cada uno de sus adjetivos en relación con los movimientos o valores de las piezas en el juego? Por ejemplo: que la torre sea calificada como “directa” se relaciona con el hecho de que puede moverse en línea recta, todos los casilleros que pueda.
Si repasas mentalmente las piezas, podrás notar que falta una en esa enumeración. ¿Cuál falta? ¿Qué características tiene esa pieza? ¿Qué adjetivo hubieras usado vos para describirla?
El poema –como vimos que sucede en el de Omar Jayam, en la sección Descubrir– utiliza el ajedrez como metáfora de la vida, planteando los problemas de la libertad humana, en relación con la existencia del destino o de una divinidad que determine nuestras acciones.
El poema plantea, luego de la primera estrofa que describe a las piezas, algo así como distintos “niveles” que debemos repasar para comprenderlo correctamente.
IMAGINAR
Como acabamos de ver detenidamente, este poema plantea la cuestión de la libertad humana, en relación con el destino o la divinidad. Se trata de un tema complejo, que interesó mucho a Borges. De distintas maneras, la cuestión está presente en relatos como “Tema del traidor y del héroe”, “El muerto”, “La trama”, “La secta de los treinta”, por mencionar solo algunos.
Más ampliamente, podríamos decir que la cuestión de la libertad y la predestinación es una cuestión central para el pensamiento y el arte contemporáneo. Podemos mencionar películas como The Truman Show (1998), Pi (1998), Matrix (1999), que plantean de modos diversos (y muy estimulante) la pregunta acerca de si hay orden o caos, si somos libres de elegir nuestros caminos o, sin saberlo, somos piezas en un tablero…
¿Qué pensás vos al respecto? ¿Somos completamente libres? ¿Existen entidades que nos dirigen o determinan? ¿Dios, el destino, los astros, los signos zodiacales? ¿Factores sociales o económicos? ¿Grupos secretos que dirigen los destinos del mundo y todos ignoramos?
Te invitamos, a partir de la lectura del poema, y si querés, de los otros textos y películas que mencionamos, a que escribas un breve ensayo donde expongas tu posición al respecto. Podés usar como título o epígrafe, alguna frase del poema.
Poema conjetural
(El otro, el mismo)

Video: https://youtu.be/KJ9-huzPATY?si=bmroPHc9Is0P9poN
DESCUBRIR
El texto menciona, en un determinado momento, a “aquel capitán del Purgatorio que, huyendo a pie y ensangrentando el llano, fue cegado y tumbado por la muerte donde un oscuro río pierde el nombre”. Se trata de una referencia a la Divina Comedia, de Dante Alighieri, que Borges consideraba la cumbre de todas las literaturas, el mejor poema jamás escrito. La Comedia narra el viaje simbólico de Dante, guiado por Virgilio, a través del Infierno y el Purgatorio, al final del cual reencontrará a su amada Beatriz, quien le franqueará la entrada al Paraíso. El episodio al que Borges alude está en el canto V del Purgatorio. Te proponemos que lo leas (hay muchas versiones y traducciones en línea: http://comediadantesca.blogspot.com/2018/04/purgatorio-canto-v.html ) para tratar de pensar la relación con el poema de Borges –y, si no la conocías, para descubrir esa joya literaria que es la Comedia–.
a)Identificá en el canto del Purgatorio quién es el “capitán” al que Borges se refiere. ¿Cómo se llama y qué es lo que le sucede? ¿Por qué su muerte puede compararse con la de Francisco Laprida en el poema?
b)Hay un verso en particular que Borges copia literalmente de Dante e incluye en su poema. ¿Podés encontrar cuál es?
c)El canto V del Purgatorio nos presenta a personajes que comparten dos características. Sufrieron una muerte violenta y fueron negligentes, es decir, tardos en arrepentirse de sus pecados. ¿Te parece que el personaje del poema de Borges comparte algunas de estas características? ¿De qué parece “arrepentirse”?
La forma que adopta este poema es lo que se conoce como “monólogos dramático”. Se trata de un texto donde el poeta asume la voz de un personaje –real, como en este caso, o ficticio, como – que cuenta su historia en primera persona.
Esta forma fue inaugurada por Alfred Tennyson con su bellísimo poema “Ulises”, donde hace hablar al héroe de la Odisea, y llevada a la perfección por Robert Browning, un autor inglés que le gustaba mucho a Borges.
Podés leer algunos de sus monólogos dramáticos en línea, para observar el modo en que Borges se apropia de esta forma poética:
“Ulises” (Tennyson) https://www.poetryfoundation.org/poems/45392/ulysses
“Andrea del Sarto” (Browning)
El escritor argentino, además de “Poema conjetural” escribió otros monólogos dramáticos, donde da voz a distintos personajes de la historia y la literatura.
Te invitamos a que leas dos: “Hengist Cyning” (El otro, el mismo) y “Tamerlán” (El oro de los tigres). Averiguá, brevemente, quiénes son estos personajes a los que Borges da voz aquí. ¿Cómo los contrastarías con Francisco de Laprida? ¿Desde qué momento crucial habla cada uno de los tres personajes en sus respectivos poemas?
COMPRENDER
Además del trabajo con la construcción del personaje en la encrucijada entre civilización y barbarie, el poema tiene versos inolvidables por su factura poética. Te proponemos releer el poema, prestando atención a los recursos líricos que Borges emplea. Tratá de identificar en el texto:
IMAGINAR
La escritura literaria nos da una posibilidad absolutamente única: ponernos en lugar de otro, jugar por un rato a ser otro, que es una forma de desarrollar nuestra sensibilidad.
Hemos visto que la forma que Borges adopta en este poema es lo que se llama “monólogo dramático”: el escritor asume la voz de un personaje, histórico o ficcional, y habla como si fuera él, en algún momento crucial de su vida. A partir de la lectura del poema (y, si querés, de los poemas de Tennyson y Browning, mencionados en el punto 2 de la sección Descubrir) te proponemos que escribas un breve monólogo dramático en forma de poema.
a) Elegí el personaje, real o imaginario, que va a ser tu protagonista. No se trata, en esta ocasión, de inventar un personaje sino de tomarlo de la historia, la literatura, el cine, la historieta… lo que quieras. Tratá de elegir un personaje que conozcas bien.
b) Elegí la situación desde la que vas a hacer hablar a ese personaje: ¿está al final de su vida? ¿al comienzo? ¿acaba de realizar una gran obra, una gran hazaña? ¿acaba de sufrir un revés, una derrota?
c) ¿Cómo habla este personaje? La idea es que puedas inventarle una voz, a partir de lo que sabés de él o ella. Podés revisar los recursos líricos que usa Borges, pero también podés escribir de un modo totalmente distinto, a tono con lo que el personaje requiera
d) ¿Qué es lo que dice este personaje? Como en “Poema conjetural”, lo ideal sería que en su monólogo se nos revele, de un modo directo u oblicuo, algo de su personalidad, de su identidad profunda.
e) Podés escribirlo en verso (como Borges) o en prosa, si te resulta más fácil. Lo importante es que hagas el ejercicio de tratar de hablar desde una identidad distinta de la tuya, un hermoso ejercicio para la imaginación.